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RECURSOS

Cristo, Dios y Hombre – Filipenses 2:6-7

Actualizado: 11 ene

6 El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;


Uno de los aspectos fundamentales de una iglesia cristiana es entender que Cristo no solo es Dios, sino que también es hombre, y que esas dos naturalezas conviven en Cristo en una sola persona. Si una iglesia no cree esto, no es iglesia de Cristo.


Los versículos arriba mencionados nos enseñan las dos naturalezas de Cristo, y como Cristo se hizo hombre, con sus implicaciones para nuestra vida. Ellos nos muestran tres verdades.


Primero: Cristo siempre ha sido Dios (“siendo en forma de Dios” v. 6). La palabra “forma” puede ser traducida también como “naturaleza” y describe la esencia divina de Cristo. Él “no estimó el ser igual a Dios”, y esto afirma otra vez la divinidad de Cristo.


Cristo era por naturaleza Dios, pero no consideró Su igualdad con Dios como algo de lo que aprovecharse. En la Escritura vemos innumerables afirmaciones de la deidad de Cristo. Una de ellas es que Cristo ha existido desde la eternidad en forma de Dios (Jn 1:1-3). También exhibe y ejerce plenamente todas las características divinas y los atributos de Dios (Jn 6:69; Jn 1:47-49; He 2:17). La evidencia bíblica es abundante: Cristo ha sido, es y será Dios.


Segundo: La segunda persona de la Trinidad se hizo hombre. El versículo 7 comienza diciendo que “se despojó a sí mismo”. Cristo, siendo Dios, no quiso aprovecharse de los atributos de Su deidad y se despojó haciéndose esclavo (el más bajo estado de la sociedad greco-romana). Siendo Dios, adicionó la naturaleza humana.


Cristo nunca dejó de ser Dios. Por definición, es imposible que el Dios eterno e inmutable cese de existir (Jn 10:30-33). Cristo solamente renunció a Sus atributos divinos, adoptando la naturaleza humana. Se despojó al venir a vivir como hombre y humillarse (Jn 17:5), renunciando a la gloria que siempre había tenido.


Lo que hizo fue rebajarse de su posición divina para revelar la forma de Dios en la forma de un siervo y en semejanza al ser humano.


Tercero: Nos enseña que Cristo es hombre. Esto es claro en el versículo, porque dice que Cristo no solo tomó la “forma de siervo”, sino que también fue “hecho semejante a los hombres”. La palabra “semejante” significa “aquello que se hace como algo”, y quiere decir que Cristo se hizo como los hombres, pero sin pecado.


Él tuvo una misma esencia con los seres humanos y fue ciento por ciento hombre. En la encarnación, Cristo no estaba ocupando un cuerpo humano. Él mismo era un hombre. La humanidad de Cristo es afirmada claramente en la Escritura (Mt 2:1; Lc 2:40; Jn 4:6-7; Mr 4:38).


La Biblia declara que si alguien niega que Jesús vino en carne, tiene el espíritu del anticristo (1 Jn 4:1-3; 2 Jn 7). Cristo fue 100% hombre.


La humanidad y la divinidad en la persona de Cristo eran necesarias por las siguientes razones:


  • Si Cristo hubiera sido una mezcla entre las dos naturalezas, no habría podido representar al género humano como hombre ante Dios. Era necesario que Cristo fuera un hombre verdadero para poder salvar a la humanidad (He 2:17).

  • Además, si Cristo no hubiera sido completamente Dios, no habría podido ganar la salvación para nosotros. No hay forma de que un simple ser humano pudiese soportar y satisfacer plenamente la ira de Dios (Ro 5:8-11).


Por último, Cristo fue una persona con dos naturalezas para darnos ejemplo de humildad. La encarnación de Jesús es la antítesis del orgullo y el egoísmo humano. Aunque tenía acceso a todos los privilegios y poder que su identidad divina le confería, Jesús consideró Su divinidad

como una oportunidad para servir y amar.


Para los cristianos no debe haber sacrificio demasiado grande para que el evangelio avance y la iglesia sea establecida en unidad y amor. La actitud del creyente debería ser el amor y no la posesión de un derecho (1 Co 10:33). Cristo nos mostró el ejemplo.


Versículos relacionados con el tema:


Jn 1:1-3, 14, 6:67-69, 1:47-49, 14:14, Fil 2:9-10, Jn 10:30-33, 17:5, 4:6-7, Lc 19:41, Mt 16:21, 1Jn 4:21-30, 2 Jn 7, He 4:15, 2:17, Ro 5:17-18, 8-11, 28, Fil 2:1-5, 1 Co 10:33

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